El Balance Scorecard ya no lo podemos leer con claridad. El “5 Years Plan” está cancelado. Los proyectos de crecimiento están parados y los turnos en plantas con poca claridad de cómo serán. La forma en que se venían haciendo las cosas ya no serán mas igual ni tampoco transitorias como algunos creen. Parafraseando el CEO de Microsoft, “la transformación digital que esperábamos en 2 años, la vivimos en 2 meses”. Algunos están sacando cuentas alegres y otros, con los números al filo de explotar. Todo está extraño.

Estamos en la “época de planificación” o al menos algunos ya están empezando a pensar cómo llevarán a cabo el proceso. Cuestionándose si el consultor que por años lo único que hizo fue ajustar algunos números y dejar un capítulo para las cosas nuevas, en una especie de “bolsa de las cosas raras con un poco de presupuesto”. Proyectando en base a certezas y en donde la clave era optimizar y crecer. La innovación era un “un pilar más” que de a poco en mas y más compañías fue siendo absorbida por las “direcciones de Transformación digital” a la cual se les entregaba un presupuesto para desarrollar cosas novedosas, pero con poca convicción o “aspiración” a que estás estén verdaderamente tengan impacto en el performance y transformación de la compañía. Había que hacerlo, lo pidió el directorio.

Hoy las empresas se ven enfrentadas a planificar en uno de los escenarios más inciertos de la historia. Nadie puso la matriz de riesgo de la planificación 2019 que el principal riesgo  era el “COVID”. Los clientes digitales, que exigen nuevas y excelentes experiencias de servicio, colaboradores que intentan con más o menos éxito trabajar en un formato virtual y una crisis sanitaria que no tiene fecha de término. El mega edificio y la oficina “cool” para incentivar la colaboración y las actividades de “networking”, a las cuales se desean volver son en el fondo nada más que un deseo y ansias de estar en un lugar seguro, donde se podría tener control, tanto de lo que se hace hoy, cómo del futuro.

Una nueva manera de planificar se comenzará a gestar. Ya no será un “PPT” que dirigía el curso de todo un año y diseñada en bonito, con mucho esquemas y “monos” para compartir en un conjunto de sesiones en cascada en la compañía y que por lo demás, pocos recordaban y entendían. Tampoco será el típico “balance” que el directorio le exigirá al gerente en la agenda anual del directorio. Los que se tomen en serio que el mundo cambió para siempre, harán algo diferente.  Deben (y así visualizamos serán los exitosos) preparar un un nuevo estilo de trabajo de “planificación 2021” que se parecerá más a un diseño móvil y flexible, con revisiones y ajustes permanentes, con cambios radicales muchas. Serán “diseños emergente” que obligan a revisión permanente. Serán planes que pongan en el centro al cliente y lo que antes era “un pilar más” (La Innovación y la Transformación Digital). Serán los temas protagonistas y necesariamente deberán estar en la agenda de todos los ejecutivos y en esa misma línea irán, para pena de ellos, en retirada aquellos gerentes que se autodeclaraban “poco digitales” y delegaba a otros el rol de transformación de la compañía. Irán de retirada las planificaciones que creían que el negocio seguirá siendo la explotación del modelo aceitado como lo habían venido haciendo hasta ahora, incluso en, los negocios que eminentemente son de explotación.

Los protagonistas serán los líderes que afronten con altura de miras, sin eufemismos ni anestesias la brutal realidad a la que se enfrenta la compañía. Serán los que se ponen de pie y están disponibles a revisar el real potencial de la organización y cuestionarse cuán preparados están para un nuevo mundo. Que se situarán en un territorio digital, que saben y están dispuestos a avanzar hacia otro estadio el cual estará llenos de errores y aprendizajes propios de la transformación, pero que, con foco claro en la innovación permitirá diseñar el futuro de la compañía.